
Durante décadas, invertir en la red significaba principalmente reemplazar infraestructura física. En 2026, una red moderna se define cada vez más por su inteligencia digital: datos, contexto y decisiones en tiempo real son tan importantes como postes y cables.
Las cifras de inversión confirman la urgencia de modernizar la red. Pero la resiliencia no depende solo de nuevos activos físicos. También requiere aprovechar datos operativos, detectar eventos antes y tomar decisiones más rápidas. Ahí es donde cambia la economía de la resiliencia de la red.